POEMAS EGIPCIOS:
Poema encontrado en un tumba de Tebas 2500 A.C:
Desde el tiempo de los dioses los cuerpos se van
y en lugar de ellos, vienen los jóvenes.
El Sol se muestra en la mañana,
en la tarde desaparece en el Poniente.
Los hombres procrean, las mujeres conciben.
Todos los nacidos respiran el aire,
pero todo lo que producen
al día siguiente desaparece.
¡ Festeja el alegre día¡
¡ Pon canto y música por delante!
Aléjate de la tristeza
y piensa en la alegría
hasta que llegue el día en que se muere.
Canción de cuna:
Todos los dioses protegen tu cuerpo
así como todo el lugar donde te halles,
toda la leche que te alimente,
cualquier regazo que te acoja,
todas las rodillas sobre las que te apoyes,
todos los vestidos que te abriguen,
todas las casa donde mores,
toda ayuda y protección que se te ofrezca,
todos los objetos sobre los que te acuestes,
todos los nudos que para tí se anuden,
todos los amuletos que de tu cuello cuelgan
Con ellos y por ellos te proteges
y te conservas sano y fuerte.
Gracias a ellos te sientes bien.
Con ellos aplacas a todos los dioses y a todas las diosas.
Poema Nostalgia de Menfis:
Mira, mi corazón se ha ido en silencio.
Parte hacia un lugar que conoce,
va hacia el Sur, a fin de ver Menfis.
¡Ah, ojalá estuviera yo en su lugar!
Estoy sentado y espero a mi corazón,
para que me diga en qué estado se encuentra Menfis.
No tengo noticias,
y mi corazón está inquieto.
Ven a mí, Ptah, y llévame a Menfis.
Haz que te vea a placer.
Mi corazón sueña todo el día,
mi corazón no está en mi cuerpo.
Todo mi ser es presa de grave enfermedad.
Mis ojos se han cansado de ver, mis orejas están vacías.
Mi voz dice: “¡Ah, si poseyera las palabras que todo lo cambian!”
Séme favorable y haz que allí abajo llegue.
Poema a la noche:
La bóveda celeste ha traido la noche,
La bóveda celeste ha parido la noche.
La noche pertenece a su madre.
A mí me pertenece el saludable reposo.
Oh, noche, dame la paz,
y te daré la paz.
Oh, noche, déjame reposar,
y te dejaré reposar.
Me he prevenido contra el destino
Y de mi sueño he sabido cuidar.
Para mí he hecho…
Este amuleto de mi lecho.
La noche se apartó.
Su bastón se quebró.
Su tina se agrietó.
Su agua mala fluyó.
La noche pertenece a su madre, a la Dorada.
A mí me pertenece el reposo de la vida.
Canto del rey Autef:
Este es el testamento de este excelente soberano, de maravilloso destino:
Las generaciones se desvanecen y desaparecen,
otras toman su lugar, desde los tiempos de los ancestros,
los dioses que vivieron en otro tiempo,
y reposan en sus pirámides.
Los nobles y los afortunados
en sus tumbas yacen amortajados.
Habían levantado casas, en lugares que ya no existen.
¿Qué ha sido de ellos?
He oído las palabras
de Imhotep y Hardedef
que se citan en proverbios
y que a todo sobreviven.
¿Qué fue de esos lugares que les pertenecieron?
Los muros se han derrumbado,
Las plazas han desaparecido,
Como si no hubiesen existido.
Nadie regresa de allí para decirnos su suerte,
para contar de qué carecen,
y apaciguar nuestro corazón, hasta que nosotros lleguemos
a ese lugar, al que fueron.
Que tu corazón, pues, se apacigüe.
El olvido es saludable.
Obedece al corazón,
tanto tiempo como vivas.
Ponte mirra en la frente,
Cúbrete de fino lino,
Perfúmate con verdaderas maravillas,
que parte son de la ofrenda divina.
Aumenta tu bienestar,
para tu corazón no marchitar.
Sigue tu deseo y tu dicha,
cumple tu destino en la tierra.
No llenes de apuro tu corazón,
Hasta el día en que el lamento fúnebre te alcance,
Quien tenga el corazón cansado su grito no oirá,
su grito a nadie la tumba evitará.
Haz, pues, del día una fiesta,
y no te canses de ella.
Mira, nadie se lleva consigo sus bienes,
Mira, nadie regresa una vez que se fue.
Poema sobre la belleza femenina:
Dechado de virtudes, la de la tez radiante,
y ojos bellos y claros.
Sus labios se abren suavemente
y es discreta en el hablar…
Tiene el cuello alto y grácil, el pecho deslumbrante.
y el pelo auténtico lapislázuli;
los brazos, cuyos dedos semejan pétalos de loto,
tiene más bellos que la misma diosa del amor.
La cintura estrecha y fuerte de caderas,
con unos muslos que rivalizan de belleza;
de noble porte, cuando toca el suelo,
con un simple ademán robó mi corazón.
Todos los hombres se vuelven para contemplarla
cuando abandona su morada,
pensamos que no hay otra igual.



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