CORPUS HERMETICUM

Como bien saben soy una persona que esta profundamente interesada en el "Hermetismo" y su tradición, pero no en especifico en la relación que guarda con la Alquimia, si no con su relación mística que nos muestra los saberes que la cultura egipcia tenia y que ahora nosotros damos como hechos y que por lo mismo no le prestamos la justa atención.
En esta ocasión daré una pequeña muestra de lo que estos sabios guardaban con  admirable celosía, y me refiero a uno de los tratados del afamado "Corpus Hermeticum" que se le adjudica a "Hermes Trismegistus" o "El Tres Veces Grande". En este ultimo punto, las opiniones son diversas y contrarias  respecto a la veracidad  de estos tratados, ya que unos dicen que el "Corpus Hermeticum", fue escrito en el Medioevo, a lo que unos maestros del Hermetismo argumentan que la versión en latín que se a encontrado es una copia de unos tratados mas antiguos en griego y que éstos a su vez proceden de los antiguos escritos egipcios que eran resguardados por los sacerdotes del templo del dios Djehuty o Hermes.
Aunque en este momento no tengo el deseo de abordar este tema (tal vez lo haga más adelante), usaré el II Tratado de estos escritos.
 En este tratado la importancia radica más allá sobre si todo esto tiene validez hoy en día, recordemos que esto fue escrito hace más de 5 mil años, si tomamos como verdadera la historia que adjudica este escrito al mismo Hermes Trismegisto, lo que importa es que podemos ver como la religión y la ciencia en la antigüedad no estaban peleadas, ambas iban de la mano, puedo decir que los sabios de antaño eran al estilo renacentista, ya que eran grandes conocedores de casi todas las ramas del conocimiento de entonces.
Los sacerdotes del antiguo Egipto estaban encargados de ligar este mundo terrenal con el "otro mundo", el inmaterial y eterno, y por supuesto dominaban bien distintas artes para darle respuesta a todas esas respuestas que la sociedad de su tiempo tenía, y que créanlo o no, todavía tenemos. Por ejemplo, siempre hemos querido saber de dónde venimos, qué o quién creo todas las cosas, qué pasa cuando las personas mueren, y así hay todavía una hilera de preguntas que aun se resisten a ser contestadas con certeza. Por lo tanto los sacerdotes que eran los sabios de la antigüedad, dominaban los conocimientos de la alquimia o transmutación de los metales, astrología, matemáticas, música,etc, y para muestra este tratado que intenta descubrir la naturaleza de las cosas, en especifico el del universo. Hoy la ciencia nos a clarificado muchas cosas, y aun así hay preguntas y sobre todo más dudas que antes, pero debemos voltear al pasado y ver estos intentos por querer comprender las cosas.

                                                          II.TRATADO SIN TITULO
1- Todo lo que se mueve, oh Asclepio, ¿No es verdad que se mueve en algo y es movido por algo?
- Mas bien que sí.
- ¿Y no es necesario también que aquello en lo que se mueve el móvil sea más grande que él?
- Necesario, sí.
- ¿Y el motor, o sea lo que lo mueve, es más fuerte que lo movido?
- Más fuerte, claro.
- ¿Y no es necesario que sean de naturalezas opuestas aquello en lo que se mueve el móvil y el móvil mismo?
- Absolutamente sí.
2- ¿Y este universo no es más grande que cualquier cuerpo?
- De acuerdo.
- ¿Y es pleno y compacto ? porque está lleno de muchos otros grandes cuerpos o, mas bien, de todos los
cuerpos que existen.
- Así es.
- El universo ¿es un cuerpo?
- Sí.
- ¿Y se mueve?
3- Mas bien que sí.
- ¿Y de qué tamaño ha de ser el lugar en donde se mueve y de qué naturaleza? ¿No ha de ser mucho más
grande a fin de que puede contener su continuo movimiento y no sea oprimido el móvil por la estrechez del
espacio y se detenga?
- Debe ser algo inmensísimo, oh Trismegisto!.
4- ¿Y cuál será su naturaleza? La opuesta ¿no es así Asclepio? Ahora bien, la naturaleza opuesta al cuerpo es lo incorporal.
- De acuerdo.
- El lugar pues será incorporal, pero lo incorporal o es algo divino o es el Dios. Por "algo divino" no quiero decir aquí algo que haya pasado por la generación sino algo nunca engendrado.
5 Si decimos algo divino, tendrá que ser de la naturaleza de un ser, pero si ponemos el Dios será trascendental al ser. Y además será inteligible de la siguiente manera: El Dios es lo primero que nosotros entendemos, bien que no lo sea en sí mismo(Pues lo que puede entenderse pasa por los sentidos del que entiende, por donde el Dios en sí mismo no es objeto de pensamiento. En el Dios, el pensamiento coincide con lo pensado. 6 Pero en nosotros no es así, por eso sólo pensamos en él, pero no lo alcanzamos en sí mismo.) Por lo tanto, si pensamos en el lugar, no lo hacemos en cuanto es un dios, sino en cuanto lo pensamos como lugar. Pero si lo pensamos como un dios, no lo pensamos como un lugar, sino como la energía capaz de contener al Todo. Todo lo que se mueve no lo hace en algo que se mueve sino en lo que está quieto: y también lo que mueve está quieto, porque es imposible que el motor se mueva juntamente con lo que mueve.
- Pero entonces, oh Trismegisto, ¿cómo es posible que aquí abajo los cosas que se mueven lo hacen
juntamente con sus motores? Porque se dice que las esferas de las estrellas errantes son movidas por las
esferas de las estrellas fijas.
- No se trata allí, oh Asclepio, de un movimiento conjunto, sino de un movimiento opuesto: no se mueven en
forma similar sino en forma contraria. Y esta oposición tiene como apoyo un punto fijo que equilibra los
movimientos. 7 En consecuencia, la resistencia de ese punto es quietud. Por tanto las estrellas errantes se
mueven en forma contraria a las fijas .... Y no es posible de otra manera. Porque ¿acaso las dos Osas que tu
ves que giran siempre en torno de un mismo punto y no tienen ocaso ni levante, piensas que se mueven o
están quietas?
- ¡Se mueven, oh Trismegisto!.
- Y ¿con qué movimiento, oh Asclepio!
- Girando alrededor del mismo punto.
- Ahora bien, orbitar sobre un centro es moverse alrededor de un punto firmemente inmóvil. Por consiguiente
"alrededor de un punto" excluye ... De allí que el movimiento contrario se detiene en un punto fijo
permaneciendo estacionario por la contrariedad del movimiento.
8 Te daré un ejemplo de la Tierra palpable a simple vista: Observa cómo nadan los animales mortales, por
ejemplo el hombre. El agua lo arrastra en dirección de la corriente, pero por la resistencia de piés y manos el
hombre logra quedarse quieto y no ser arrastrado por la corriente.
- Este ejemplo es muy claro, Trismegisto!
- Todo movimiento pues se mueve en algo inmóvil y es movido por algo inmóvil. Así pues el movimiento del
mundo y de todo ser vivo material no se realiza a partir de algo exterior al cuerpo, sino por causa interior y
incorporal. Porque un cuerpo no mueve a un cuerpo animado, ni tampoco a ningún cuerpo, ni siquiera animado.
9- ¿Qué dices, Trismegisto? ¿No son cuerpos lo que mueven los maderas, las piedras y todas las demás
cosas inanimadas?
- De ninguna manera, Asclepio: Lo que está dentro del cuerpo motor es lo inanimado, el cuerpo mismo no
mueve a ambos, ni al que transporta y ni al transportado. Por donde lo inanimado no mueve a lo inanimado.
Mira entonces cuán sobrecargada está el alma que tiene que mover sola a dos cuerpos. Es evidente pues que
lo que se mueve, se mueve en otra cosa y es movido por otra cosa.
10- ¿Y es en el vacío que tiene que moverse lo que se mueve, oh Trismegisto?
- Corrígete, Asclepio. No es vacío ninguno de los seres que existen en razón misma de su realidad: pues lo que es no podría ser lo que es si no estuviera lleno de realidad. Lo real pues nunca puede llegar a ser vacío.
- Pero ¿no hay cosas vacías, oh Trismegisto, como una jarra, un frasco, un tonel y otras cosas semejantes?
- Ay! que error terrible! Asclepio, creer que está vacío lo que está totalmente lleno y repleto!
11- ¿Qué dices Trismegisto?
- ¿No es un cuerpo el aire?
- Lo es.
- ¿Y este cuerpo no pasa a través de todos los seres y no los deja completamente llenos? ¿Acaso los cuerpos no están compuestos por los cuatro elementos? Todas las cosas, que tu llamas vacías, están llenas de aire: si de aire, también lo están de los cuatro elementos, y así llegamos a lo contrario de lo que tú decías, pues las cosas que tu llamas llenas todas están vacías de aire, pues su espacio está ocupado por otros cuerpos que no dejan lugar al aire. Las cosas que tu llamas vacías deberían llamarse huecas no vacías: llenas están de aire y espíritu.
12 - Lo que tu dices es innegable, Trismegisto. Dime ahora, ¿qué decimos del lugar en donde se mueve el
Todo?
- Que es incorporal, Asclepio.
- Pero lo incorporal ¿que es?
- Una Inteligencia entera que enteramente se contiene, libre de todo cuerpo, infalible, impasible, inmóvil en sí
misma, que contiene todos los seres y los conserva en su ser, cuyos rayos son el Bien, la Verdad, el arquetipo del Espíritu, el arquetipo del Alma.
- Pero entonces el Dios ¿qué es?
- El que no es ninguna de estas cosas, y además es la causa del ser de todas ellas y de cada uno de los seres
en particular.
13 Porque no dejó ningún espacio al no ser, y todas las cosas provienen de los seres que existen y no de los
que no existen: porque lo inexistente no tiene naturaleza como para llegar a la existencia ni para llegar a ser
nada, y a su vez lo seres que existen no tienen naturaleza para dejar nunca de ser.
- ¿Qué quieres decir con "nunca dejar de ser"?
- El Dios no es inteligencia, sino la causa de que la inteligencia exista. No es espíritu sino causa de la
existencia del espíritu. No es luz, sino causa de la existencia de la luz. Por donde el Dios debe ser venerado
con esos dos nombres, que sólo a El le pertenecen y a ningún otro. Porque ninguno de los demás que se
llaman dioses, ni ninguno de los hombres ni demonio alguno puede de manera alguna ser el Bien, sino sólo el
Dios, que sólo es el Bien y no es ninguna otra cosa. Todos los demás seres son incapaces de contener la
naturaleza del Bien: cuerpo son y alma, y no tienen lugar que pueda contener el Bien. 15 Tan grande es la
grandeza del Bien como la realidad de todos los seres, corporales e incorporales, sensibles e inteligibles. He
aquí el Bien, he aquí el Dios. No llames bueno a nadie ni a nada, porque es impío, ni des al Dios ningún otro nombre sino el único del Bien, lo contrario también es impío.
16 Ciertamente todos pronuncian el nombre del "Bien" pero no todos saben lo que es. Por eso tampoco saben lo que es el Dios, pero por ignorancia llaman buenos a los dioses y también a los hombres, cuando ni pueden ser buenos ni pueden jamás llegar a serlo: el Bien es lo que nunca se puede quitar al Dios y es inseparable de El, porque es el Dios mismo. Todos los demás dioses son honrados con el nombre de "dios": pero el Dios es el Bien, no porque así se lo honre, sino por naturaleza. Pues una es la naturaleza del Dios, el Bien, y ambos no son sino una sola y única especie, de la que proceden las demás. Porque el Bien es el dador de todo y el que nada recibe. Y el Dios todo lo da y nada recibe. Por tanto el Dios es el Bien, y el Bien es el Dios.
17 El otro nombre del Dios es el de "el Padre", ahora a causa de que creó todas las cosas: el padre es el que
crea. Así la gente sensata considera a la procreación de los hijos como la mayor función y la más sagrada, y
piensa que es un gran infortunio e impiedad dejar la vida y no dejar hijos, y justamente un tal es entregado a los genios después de la muerte. Y ved cuál es el castigo: el alma del que no ha tenido hijos está condenada a
entrar en el cuerpo de un ser que no tiene la naturaleza del varón ni de la mujer, lo que es execrable a los ojos
del Sol. Por eso, Asclepio, guárdate de congratular al hombres sin hijos, más bien ténle piedad sabiendo el
castigo que le espera.
Pues bien, basta por ahora, Asclepio, por lo que respecta a las enseñanzas preliminares sobre la naturaleza de las cosas.

                                                        FIN DEL II TRATADO

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